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Musas

Adrián Aguilar Torres

Esos ojos negros, grandes y expresivos: ventanas al paraíso. El contorno de su boca. Ese cabello como de medusa que nada con peculiaridad parsimoniosa al vaivén de las ondas del mar. La persona amada, la musa perfecta. Esa fuerza íntima para el artista. Esa, es la inspiración. Como la Maga para Cortázar en Rayuela; o Fermina, para García Márquez en El amor en los tiempos del cólera.

 

Ese estímulo tan bello y que anima ciertamente -según la Real Academia de la Lengua Española- no sólo está en la geometría de una flor o en esa voz perfecta, sino también se encuentra en las alcantarillas, entre los escombros. Charles Bukowski, escritor estadounidense, símbolo de la literatura maldita, en su diario El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama, 2000) así lo demuestra; al ser custodiado por la muerte, el sinsentido de la vida y una soledad tan honda, hace que las letras desemboquen en un libro inolvidable, imprescindible para quien escribe, para entender qué es la inspiración.

 

Bukowski transmite esa sensación de que aun la desgracia y el desacierto, es una fuente para la filosofía, la vida, y por qué no, para el periodismo.

 

El arte transmite emociones, desde la frialdad extrema, hasta la más honda indiferencia. El periodista también las transmiten: el hartazgo, la indignación e incluso la zozobra de una sociedad; el éxtasis al lograrse una epopeya deportiva colectiva; o al reseñar una obra teatral majestuosa, digna de ser contada.

 

El periodista se valdrá para la trasmisión de esos sentimientos, de la realidad misma. Sí, esa idea abstracta marcada por el presente, el pasado y el futuro. Un presente que es efímero, un pasado definido por la acumulación de recuerdos donde se depositan las acciones de los hombres. Y un futuro misterioso.

 

El periodista reconstruye la realidad, la interpreta, la encuadra, pero también la difunde entre los otros. De ahí su importancia, y en particular, de los géneros de opinión. Es a través de la columna, el artículo, etcétera, cuando el reportero escala a otro nivel, para informar, generar conciencia, opinión, con base en una argumentación, lógica, razonada, confirmada y corroborada sic.

 

El aspirante a periodista o comunicador, debe estar consciente de ello. Debe buscar en la “realidad” esas musas, no importa que éstas estén en el agua estancada y la escoria del mundo o de sí mismo. Así como un Cortázar embellece la locura por una mujer, el periodista debe ensalzar lo inmundo, tal como lo compartieron Vicente Leñero o Miguel Ángel Granados Chapa, íconos del periodismo mexicano.

 

Este es el reto del estudiante de periodismo: encontrar sus musas, no dejarlas, apasionarse con ellas, morirse en ellas. Y eso generará un periodismo informativo y de opinión, cargado de elementales sustentos: la información y la pasión por la misma, y en consecuencia, un mejor periodismo, no importa cuál sea su trinchera.

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